Para comprender la dimensiĂłn histĂłrica del resultado hay que retroceder a 1994, cuando los demĂłcratas del entonces presidente Bill Clinton perdieron 54 escaños en la Cámara de Representantes y diez en el Senado, entregando a los republicanos el control del Congreso. En 2006 ocurriĂł algo semejante, esta vez contra los republicanos de George W. Bush. La diferencia ahora está en la extensiĂłn territorial de los cambios y en la caĂda de posiciones que durante dĂ©cadas parecĂan inaccesibles para los demĂłcratas. TodavĂa habrá que esperar el balance definitivo de escaños para establecer comparaciones numĂ©ricas, pero la pĂ©rdida simultánea de ambas cámaras representa un golpe de considerable magnitud para el partido que controla la presidencia.
Texas constituye el ejemplo más extraordinario. El demĂłcrata James Talarico derrotĂł al republicano Ken Paxton en la contienda senatorial y, con el 72 % del voto esperado contabilizado, obtenĂa el 58.4 % frente al 39.9 % de su adversario, una diferencia provisional de 18.5 puntos porcentuales. No fue una victoria estrecha, sino un resultado de enormes proporciones en uno de los principales bastiones republicanos. A ello se sumĂł la derrota del gobernador Greg Abbott frente a la demĂłcrata Gina Hinojosa. Texas, que llevaba dĂ©cadas sin elegir un senador demĂłcrata y más de treinta años bajo gobernaciones republicanas, terminĂł ofreciendo dos de las noticias más significativas de la jornada.
La sacudida alcanzĂł otros territorios tradicionalmente conservadores. En Carolina del Norte, Roy Cooper registraba un 58.7 % frente al republicano Michael Whatley; en Kansas, Adam Hamilton alcanzaba el 51.3 % y derrotaba a Roger Marshall; en Iowa, Josh Turek obtenĂa el 50.6 % y arrebataba otro escaño a los republicanos. En Ohio, Sherrod Brown recuperĂł una posiciĂłn senatorial con el 48.7 % en un corte avanzado del escrutinio, mientras Carolina del Sur eligiĂł a Annie Andrews y Maine a Troy Jackson, quien derrotĂł a Susan Collins. A ello se sumaron las victorias demĂłcratas en Georgia, donde Jon Ossoff registraba aproximadamente el 58.9 %, y Nuevo Hampshire, donde Chris Pappas alcanzaba el 56.3 %. Son porcentajes provisionales, pero permiten apreciar la amplitud geográfica del resultado. No todas las victorias fueron aplastantes individualmente; lo extraordinario fue su acumulaciĂłn y la pĂ©rdida republicana de ambas cámaras.
Florida, sin embargo, merece una reflexiĂłn particular. AllĂ los republicanos conservaron posiciones importantes, incluida la victoria senatorial de Ashley Moody y la gobernaciĂłn conquistada por Byron Donalds. El estado alberga numerosas comunidades de origen cubano, venezolano y de otros paĂses latinoamericanos, entre las cuales existen sectores de fuerte identificaciĂłn republicana. Resulta irĂłnico que, mientras Trump endurece sus polĂticas migratorias y convierte al inmigrante en objeto recurrente de confrontaciĂłn polĂtica, determinados grupos de origen inmigrante continĂşen respaldándolo. No todos los cubanos ni todos los venezolanos piensan igual, naturalmente, pero quienes apoyan medidas capaces de perjudicar a sus propias comunidades deberĂan preguntarse si han aprendido a identificar a sus verdaderos verdugos polĂticos. Haber llegado a Estados Unidos buscando oportunidades y libertades para terminar respaldando polĂticas que pueden restringirlas constituye una contradicciĂłn que merece examinarse.
Pero tan reveladores como los resultados fueron los mensajes publicados por Trump en Truth Social. En lugar de reconocer pĂşblicamente el revĂ©s electoral y agradecer a los estadounidenses su participaciĂłn, emprendiĂł una sucesiĂłn de ataques contra medios de comunicaciĂłn, adversarios y dirigentes de su propio partido. ResponsabilizĂł a Fox News por las derrotas, acusándola de ofrecer demasiado espacio a los demĂłcratas; descalificĂł al exalcalde neoyorquino Bill de Blasio y arremetiĂł contra Greg Abbott, a quien atribuyĂł su derrota en Texas por haberse convertido, segĂşn Ă©l, en un republicano desleal. Hasta asegurĂł que, de haber aparecido personalmente en las boletas, habrĂa ganado por una mayorĂa aplastante. Precisamente Ă©l, cuya presencia polĂtica habĂa atravesado toda la elecciĂłn.
Trump exige lealtad absoluta, pero sus publicaciones permiten observar quĂ© ocurre cuando uno de los suyos pierde. El presidente se presenta como el infalible, el elegido, el hombre que siempre tiene la razĂłn, mientras los demás parecen convertirse en mierda cuando dejan de serle Ăştiles. Reclama los mĂ©ritos de las victorias y busca responsables ajenos cuando llegan las derrotas. Quiere colaboradores dispuestos a defenderlo incondicionalmente, pero no demuestra igual disposiciĂłn a defenderlos cuando atraviesan dificultades. Eso, en mi opiniĂłn, no es liderazgo: es cobardĂa polĂtica. Porque tambiĂ©n hace falta valor para reconocer una equivocaciĂłn, asumir responsabilidades y aceptar que el electorado puede rechazar una determinada manera de gobernar. Su concepto de lealtad parece reducirse a un cĂrculo extraordinariamente estrecho: Ă©l mismo y su familia.
En medio de aquella sucesiĂłn de publicaciones apareciĂł una gorra roja con una sola palabra escrita en letras blancas: «VETO». Trump no acompañó la imagen con ninguna explicaciĂłn, pero su apariciĂłn despuĂ©s del revĂ©s republicano permite una lectura polĂtica inevitable. El presidente conserva la facultad constitucional de vetar leyes aprobadas por el Congreso, aunque eso no significa que pueda gobernar sin controles. La gorra puede expresar desafĂo; lo que no puede hacer es devolverle a su partido los escaños perdidos ni borrar la decisiĂłn de millones de electores.
Los aranceles, el costo de la vida, la polĂtica migratoria, las tensiones internacionales y la confrontaciĂłn permanente con adversarios e instituciones formaron parte del escenario polĂtico de estas elecciones. Determinar cuánto pesĂł cada factor requerirá examinar los datos electorales con detenimiento, pero resulta difĂcil sostener que la figura presidencial estuvo ausente del juicio de los votantes. Trump no era candidato al Senado en Texas, Kansas o Iowa, ni aspiraba a una gobernaciĂłn o a un escaño de la Cámara de Representantes. Sin embargo, su administraciĂłn ocupĂł un lugar central en el debate nacional y sus decisiones estuvieron sometidas al escrutinio ciudadano.
A partir de enero, el presidente tendrá que relacionarse con un Congreso controlado por los demĂłcratas, con facultades para investigar su administraciĂłn, exigir documentos, fiscalizar recursos pĂşblicos y bloquear iniciativas legislativas. El Senado podrá ejercer un control decisivo sobre nombramientos presidenciales, mientras la Cámara de Representantes dispondrá de instrumentos de supervisiĂłn que hasta ahora permanecĂan en manos republicanas. Trump continuará ejerciendo la presidencia, pero encontrará contrapesos institucionales que pueden modificar sustancialmente la relaciĂłn entre la Casa Blanca y el poder legislativo. Ese cambio tambiĂ©n tendrá repercusiones internacionales, particularmente en asuntos comerciales, migratorios y diplomáticos.
Los ciudadanos que votaron republicano merecen el mismo respeto que quienes respaldaron a los demĂłcratas. Una derrota electoral no convierte a millones de personas en responsables de los excesos de un dirigente. La crĂtica más severa corresponde a quien pretende apropiarse de las victorias y desentenderse de las derrotas, especialmente cuando ocupa la máxima responsabilidad polĂtica del paĂs. Trump no aparecĂa en ninguna boleta, pero estaba en todas. Y aunque otros nombres figuraran impresos en las papeletas, su liderazgo fue uno de los asuntos centrales sometidos al juicio de los estadounidenses.
Lo verdaderamente vergonzoso no es perder unas elecciones, porque eso forma parte de la democracia. Es responder al pronunciamiento ciudadano con reproches, descalificaciones y una aparente incapacidad para reconocer la propia responsabilidad. Donald Trump seguirá siendo presidente, pero las urnas han modificado el equilibrio del poder y le han recordado una verdad que ningĂşn gobernante deberĂa olvidar: Estados Unidos tiene un presidente, no un dueño.
Por: Bienvenido Checo;-
@BienvenidoR_D
@bienvenidocheco
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