En estos días se percibe un nivel de violencia que asusta a la población. Se cometen crímenes estremecedores. Acciones violentas desgarran la conciencia pública y lo peor de todo es que no toda la violencia es violenta y se ejecuta calladamente como es el abandono de políticas que permitan la inserción de jóvenes en el mercado laboral, que las niñas no tengan que ser madres porque estarán criando carne de desecho.
La sociedad dominicana almacena en los barrios a jóvenes que tendrán que buscar su sustento con diferentes formas de delinquir porque no encontraron aulas, porque no pudieron aprender a trabajar o porque las oportunidades pasaban lejos de sus casas.
Pero aunque no haya trabajo, la sociedad tiene un ritmo de consumo que con un culto exultante al lujo se estrega sin pudor a los pobres ojos de los pobres, por todas las vías de comunicación social.
Ser rico es el objetivo no importa cómo. Muchos jóvenes barriales dan sus golpes de mano para ser ricos por una noche, exhibiendo su consumo de bebidas importadas de nombres exóticos. En la RD el consumo de drogas se ha multiplicado exponencialmente y hay un vínculo directo entre ese fenómeno y la delincuencia.
Los delincuentes asaltan y matan a cualquier precio a fin de obtener su dosis de veneno, pero los narcos empresarios no son atrapados porque están cubiertos con cargos públicos, militancia política o por comprar poder por subvencionar candidaturas y campañas políticas, así pueden ofertar las mercancías ilegales las 24 horas del día en todos los barrios donde tienen hasta mensajeros para entrega a domicilio.
En la marginalidad social de los barrios cohabitan los desafortunados. Proyectos de delincuentes son usados como mensajeros porque no pueden ser juzgados, las niñas son asaltadas mentalmente con ofertas de oportunidad y el embarazo precoz viene acompañado de más abandonado.
El estado ejerce constantemente una violencia callada contra la población y nuestra indiferencia tiene la misma calidad estatal. La percibimos como algo natural. Pero los pobres no son únicamente los que padecen la violencia. Sobre la población se ejercen tres tipos de violencia que el noruego Johan Galtung las clasifica en: violencia directa, violencia estructural y la cultural.
La directa es la más visible. Se manifiesta en comportamientos físicos o psicológicos que buscan causar daño o destrucción: golpizas, guerras, insultos y el asesinato son algunas de esas manifestaciones.
Pero igual de violentas son la estructural que es invisible porque está integradas en los sistemas sociales y políticos porque limita las oportunidades de las personas o impiden la cobertura de sus necesidades básicas como es la falta de viviendas, la pobreza extrema, la exclusión del sistema de salud o la desigualdad social. La violencia cultural normaliza mediante elementos como el arte, la religión, el idioma, la ciencia o la ideología para que parezca inevitables o las justifica, la legitima.
Recientemente el doctor Leonel Fernández, reconociendo que es un problema complejo ha invitado a las instituciones para que la sociedad se involucre y debata formas para su solución. Este es un tema urgente que parece estar desbordándose.
Por: Alfredo Freites;-


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