En los casos más graves, las autoridades retuvieron (no se precisa por cuánto tiempo) unas 81 mil motocicletas implicadas en esas transgresiones.
Si el registro oficial ilustra la escandalosa cantidad de motoristas violadores de la Ley 63-17, el de los accidentes en que se ven envueltos, con saldos trágicos en muchos casos, es todavía más alarmante.
De acuerdo con las estadísticas, en 2025 se produjeron siniestros que dejaron 2,991 fallecidos y 144,276 lesionados.
En la Semana Santa de ese año, el 87.34 % de los accidentes involucraron motocicletas, y en la Navidad, el 79.6 %.
Si para ese período el número de agentes de tránsito de la DIGESETT era de cerca de 2,500, resulta obvio que la cifra de infractores no “fiscalizados” pudo ser mayor a los 834 mil.
Este dato, por sí solo, es suficiente para medir el sistemático y generalizado irrespeto, entre esos conductores, a las normas existentes.
Las faltas más usuales fueron las que prohíben cruzar semáforos en rojo, circular en vía contraria o por lugares prohibidos (aceras, túneles y elevados), así como hacerlo sin luces, sin casco protector y sin documentos.
Como no hay suficientes agentes para prevenir ni mucho menos atrapar in fraganti a los infractores, la ley de tránsito resulta prácticamente inaplicable para la mayoría.
¿Se resolvería el problema con más agentes dispuestos a hacer cumplir la ley? ¿O sería necesario endurecer aún más las regulaciones y las penalidades hasta ahora contempladas en la ley vigente?
Tomado del editorial de
de la fecha ;-


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