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En el 2025, la economía dominicana tuvo una baja tasa de crecimiento, de tan solo 2.1% del PIB. Eso representa menos de la mitad del año anterior, 2024, así como de su potencial de crecimiento de 5%.
Con excepción de la crisis bancaria del 2003; del impacto de la crisis financiera global del 2009; y de la contracción generada por la pandemia del Covid-19, el nivel de crecimiento del año pasado ha sido el más profundo de los últimos 34 años.
Eso, por supuesto, no lo dijo el presidente de la República durante su discurso de rendición de cuentas el pasado 27 de febrero. Sobre eso prefirió guardar silencio y atribuir, como es de costumbre, a factores externos, las causas de nuestras calamidades.
Sin embargo, no es así. En realidad, lo que ha mantenido a flote la economía dominicana durante los últimos años, han sido, precisamente, factores externos, como lo demuestran los casos de las remesas enviadas por los dominicanos de la diáspora, las inversiones en el sector de zonas francas; el aumento del número de turistas y visitantes al país; y el aporte de las exportaciones provenientes del sector de minería.
Por consiguiente, el frágil, zigzagueante y volátil crecimiento que ha experimentado la economía nacional durante los últimos cinco años se ha debido, más bien, a una pérdida de impulso interno que limita la creación de empleo, el aumento de ingresos y la mejora real en el bienestar de la población.
Como prueba irrefutable de lo que estamos indicando, se demuestra en el hecho de que durante el año pasado, 12 de los 17 sectores de la economía nacional entraron en una fase de desaceleración, tres en contracción y solamente dos incrementaron su capacidad de generación de riquezas.
El desplome económico
El caso más crítico fue el de la construcción, que tuvo una caída de -1.8% del PIB. Pero ya, desde el 2024, mostraba una tendencia hacia el debilitamiento cuando solo pudo lograr un escaso nivel de 2.1%.
¿Qué está ocurriendo en el sector de la construcción, que suele ser uno de los motores más dinámicos del crecimiento de nuestra economía, para que haya tenido tan pobre crecimiento durante la actual gestión de gobierno?
La respuesta se encuentra, en primer lugar, en la alta ineficiencia de las actuales autoridades gubernamentales. En el ámbito privado, todas las áreas vinculadas a este sector, han hecho saber en múltiples ocasiones que, la lentitud en el otorgamiento de los permisos para el inicio de las construcciones, se ha convertido en una verdadera traba para que pueda recuperar su tradicional rol de locomotora del crecimiento económico nacional.
Pero, igual ocurre en el sector público. Debido a que la política del gasto ha estado orientada hacia la consolidación de un clientelismo electoral, con el incremento incesante del gasto corriente, ha generado que esta gestión del PRM, con su escasa inversión de 2.2% del PIB promedio en infraestructura, haya sido la que menos atención ha prestado al sector, en los últimos 70 años.
En lo que concierne a la manufactura local, esta decreció de 4.3% en 2024, a 1.4% del PIB en el 2025. Las zonas francas, que normalmente tienen un notable nivel de expansión, se redujeron de 4.3% a 1.8%.
Por su lado, el comercio se desplomó. De 5.6% descendió a 2.1%. Eso significa que no solamente disminuyeron las transacciones comerciales, ocasionando numerosas quiebras, sino que se contrajo el poder adquisitivo de la población, dismiuyendo, de manera obvia, la calidad de vida.
En cuanto a servicios, energía y agua, con sus tandas de apagones y cortes en el suministro del líquido vital, bajaron de 7% a 2.8%. La provisión de servicios profesionales sufrió una contracción, al descender de 4.2% a 0.4%; y en lo relativo a las comunicaciones, la disminución fue brusca, de 3.2 a 0.4%.
El número de contrataciones de maestros, tanto en el sector público como privado, se desaceleró de 4.3% a 3.1%; y entre médicos, enfermeras, bioanalistas y demás personal sanitario, de 4.2% a -0.4%.
Como puede apreciarse, un panorama sombrío en que la economía dominicana experimentó el año pasado una desaceleración o contracción en más del 85% de los sectores económicos.
El penúltimo lugar
En su alocución del 27 de febrero, el jefe del Estado Dominicano, al reconocer el bajo nivel de crecimiento de nuestra economía, quiso matizarlo indicando que estábamos situados en el promedio de América Latina.
Falso. Al decir eso, el presidente de la República ocultó la realidad. Lo cierto es que debido a ese endeble crecimiento de 2.1%, el país se colocó en el penúltimo lugar en comparación con otras 16 naciones de la región.
En el 2025, lamentablemente, luego de haber ocupado, durante años, el primer o segundo lugar en términos de crecimiento económico, la República Dominicana estuvo por debajo de Paraguay, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Argentina.
Además, a la cola de Honduras, El Salvador, Perú, Ecuador, Uruguay, Brasil, Colombia y Chile. Solamente México, que tuvo un escaso desempeño de -0.1%, se encuentra detrás de nosotros.
Guardando respeto a esos países hermanos, es preciso decir que lo acontecido el año pasado en República Dominicana, no solo fue una catástrofe. Fue una vergüenza.
Con respecto a la proyección de crecimiento para el 2026, a solo un mes del actual año en curso, ya ha sido revisada a la baja, pasando de 4.5 a 4%. El año pasado se produjo lo insólito.
La proyección de crecimiento fue reorientada hacia la baja en ocho ocasiones. Tal vez, un récord histórico.
Con sus palabras, el presidente de la República construyó un culto a la ficción. Marcaron un gran contraste entre cifras quiméricas y una realidad preocupante.
Por: Leonel Fernández;-
@LeonelFernandez
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