La guerra que contra Irán desataron Estados Unidos e Israel es una variable que podría favorecer a Rusia en su guerra contra Ucrania y complicar más la dependencia energética de Europa, todo dentro de un temido desajuste de los precios en todos los mercados.
Las perspectivas de este año parecen ira a un agujero negro porque Estados Unidos acelera su marcha hacia el control mundial del petróleo como estrategia para sacar a China del liderato del comercio.
En la fiesta geopolítica cayeron las máscaras de religiones, ideologías, derechos humanos, democracia, lucha contra narcotráfico y la diplomacia para mostrar rostros de guerra con sed de petróleo. Entre tanto China, que es el blanco real, se maneja con la discreción habitual.
Las líneas que traza la conducta norteamericana dejan ver que para ellos era urgente dejar de lado todas las excusas y hacer operativos de control militar de países con grandes reservas petroleras sin considerar a cuáles “aliados” pudiera afectar porque eso se resuelve luego.
La guerra contra Irán pudiera afectar el suministro de recursos militares a Ucrania, una variable que podría aprovechar Rusia para avanzar en su ocupación territorial, pero tras 4 años de guerra el conflicto se alarga y no parece que su definición será en poco tiempo, y, mientras tanto, se dificulta la compactación de los países BRICS.
En medio del conflicto vemos que Europa achica su presencia mundial y que el cambio de su dependencia energética hacia una más cara con USA, la deja atada una hipócrita actuación porque, ni puede danzar con los aires de guerra -que tiene como cultura existencial-, ni alejarse del acuerdo con la OTAN.
Un rápido análisis de la situación geopolítica indica que Irán, cuna del imperio persa, luchará hasta la muerte para no ser derrotada en cuatro meses; que China se aproximará más a Rusia para adquirir petróleo que es el oxígeno de su industria mientras dará ayuda bajo cuerda a Irán; que Estados Unidos necesita de una victoria a corto plazo con la menor perdida posible de soldados, por el peso esto tendría en las elecciones congresuales de noviembre.
Y, mientras las bombas aéreas surcan los cielos, los portaaviones norteamericanos son alejados de los modernos proyectiles hipersónicos supuestamente indetectables que vuelan a 32 mil kilómetros por hora, Rusia mantiene sonando su caja registradora con la venta de petróleo, articulo que aumenta de precio cada día.
En la guerra contra Ucrania parece que Rusia desarrolla un doble guion porque conquista territorios y los reconstruye mientras que en otras zonas destruye sus recursos energéticos; mientras, terroristas ucranianos bombardean la casa de Vladimir Putin y matan generales en Moscú, el actor Vladimir Zelenski viaja impunemente por todo el mundo con su profesional teatro de guerra a cuestas.
Es evidente que el reacomodo de tantos pretendientes a ocupar posiciones de importancia en la economía mundial es un proceso que se librará con violencia sin que se vea la fecha final. La geopolítica tiene una densidad que dificulta el análisis, pero lo cierto es que la guerra moderna es más de tecnologías que de botas, que es más costosa, pero siempre deja su estela de muerte.
Por: Alfredo Freites;-



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