El presidente Donald Trump pasará a la historia como el mandatario que desnudó la política norteamericana en aras de mantener su país como principal hegemonía porque él es esencia de un imperio que se desmorona.
Trump ha ejecutado un brillante papel. Elegido para resguardar la retaguardia estratégica, ya tomó Venezuela y manotea a México y Canadá. Esto provocó que el monarca británico fuera a renegociar los límites de la nueva expansión norteamericana.
Hay quien cree que Trump es un estúpido, un loco viejo, un megalómano desbocado cuando en realidad el dirige el show de la realidad geopolítica. Políticos, columnistas, militares y periodistas dicen que cometió un error al guerrearse contra Irán. Hasta se hace la comparación con la Guerra del Peloponeso con La Trampa de Tucídides que es la tendencia hacia la guerra cuando una potencia emergente amenaza la dominante. Trump hizo trampas al amagar que invadiría el Golfo Pérsico. Esta es su patraña.
El grupo que sustenta a Trump sabía bien dónde se metía y que buscaba. El estrecho de Ormuz está muy estudiado militarmente, a partir de la experiencia del portugués Alfonso de Alburquerque, que desde allí cobraba peaje en los años de 1500. Washington sabe que ocuparlo puede ser una victoria pírrica y con amagar logra otros objetivos.
El primero es un aumento del presupuesto para equipos militares para beneficiar la industria de guerra; segundo, sacude el medio oriente afectando el comercio de China y sus posibilidades de comprar petróleo y tercero, el más importante, afecta las operaciones de los países petroleros árabes, que son una competencia estratégica. Atizar a Irán genera ataques a los “aliados” de USA y de esa forma afecta la producción y encarece los precios. No es diabólico, sólo son negocios. Las guerras comienzan y terminan en los escritorios de banqueros.
El líder de los republicanos tiene la misión de fortificar Norteamérica para sus patrocinadores. Siempre las guerras las pagan los pueblos. Inglaterra y EEUU hasta despojaron militarmente a sus ciudadanos del oro que guardaban en la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra contra Irán la pagan los ciudadanos y se lucran los petroleros y empresarios. Es la historia de siempre
El petróleo norteamericano, que se está agotando, no sirve para fabricar gasolina, pero el venezolano sí. Eso explica el secuestro de Maduro y el oscuro negocio que pone ese petróleo como negocio del gobierno no de Trump, sino de USA. Es una acción de supervivencia.
Los políticos al mando saben que se arriesgan a perder las elecciones de medio término, pero es el futuro lo que está en juego. Otros políticos tomarán el control para seguir haciendo lo mismo. El estado es sagrado. Trump cumple con su misión de salvador. Solo en la ficción no hay severos daños y él carece de escrúpulos. Trump no es Trump, es el presidente Trump.
Prometió lo que no puede cumplir porque lo importante es el futuro de USA: El dólar se devalúa, la deuda interna aumenta, las bases navales en el extranjero son cada vez más costosas e inútiles, el prestigio nacional se empaña, China aumenta su presencia mundial y cada día más irritaciones afloran por el proceder de Trump, pero él solo es actor protagonista de un tramo de la vida política y sabe que la geopolítica viste de hipocresía.
Recordemos que América es para los americanos. Dicen.
Por: Alfredo Freites;-


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