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jueves, 20 de agosto de 2026

Los presidentes y su legado

❝El Bulevar de la Vida❞》》》

Del régimen de Trujillo se recuerda la sangre. De Balaguer —menos sanguinario en el suyo— no se olvida su habilidad para convertir la corrupción en instrumento político; una herramienta que quienes le sucedieron perfeccionaron y democratizaron hasta el asco y la vergüenza. De esos lodos vienen estos polvos, (de los malos, quiero decir).
Del profesor Fernández y sus gobiernos se destaca su visión modernizadora del Estado, su catecismo tecnológico cuando casi todos hablábamos de ábacos y maquinillas; su decisión de construir el Metro de Santo Domingo, pese a la oposición de tirios y troyanos; el feliz atrevimiento de establecer relaciones con Cuba, a la que nos hermanan Hatuey, el indómito, el apóstol Martí, o el banilejo invicto Napoleón de las guerrillas.

Del sureño Danilo (de los Medina de Baní) nadie olvida las plantas de Punta Catalina, construidas “con un par” por encima de generadores y generales, ni el establecimiento de relaciones con China, que significó disponer de otra canasta para diversificar la distribución de los huevos del interés nacional. 

Pero, claro, no sería correcto, decente ni objetivo hablar de los gobiernos del PLD sin destacar sus excesos, ¡ay!, una corrupción con impunidad que tocó fondo, muertecitos de éxitos y ahítos de tanto ganar siempre los señores.

Como ven, cada presidente y su gobierno ha tenido logros y retrocesos, aplausos y vergüenzas. Cada uno ha dejado un legado. Y así llegamos a Luis Abinader y el suyo; justo ahora, cuando el adiós no está tan lejos, comienzan a escasear las bienvenidas, —el olvido ya tiene fecha y hasta falló más de un amigo—, quizás, ya digo, es hora de que el mandatario elija su legado, la impronta que entregará a la historia. 

Y tiene para elegir. Por ejemplo: la reforma a la Ley de seguridad social, la reforma policial que, después de lo ocurrido, deberá ser reformada. Descartada la reforma fiscal (tan necesaria), queda tiempo para rescatar el sector eléctrico; para, en educación, atreverse a pasar de las palabras a los hechos, o, más exactamente, del cemento al verbo.

Hablo de entregar al país las transformaciones estructurales pendientes, que serán la carta de presentación y la justificación primera para que, mañana por la tarde —es decir, en abril o junio de 2028—, el PRM pueda salir a las calles a explicar por qué un ciudadano debería volver a votarlo. Que por consejos no quede. 

Por: Pablo McKinney;-
@pablomckinney
@pablomckinney
pablomckinney@gmail.com

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