En la guerra no es un axioma que ser más grande te da la victoria porque la confrontación entraña variables que a veces pasan inadvertidas, como parece ocurre en Irán, donde el protocolo aplicado por Estados Unidos de descabezar el gobierno para provocar el cambio del régimen no ha funcionado.
Si Vietnam fue una escuela de la guerra asimétrica parece que los soldados de Trump no tomaron la asignatura y se embarcaron en la guerra contra Irán usando el mismo protocolo recientemente aplicado con éxito en Venezuela, pero hasta ahora en Oriente no hay avances significativos más allá de la propaganda.
La situación económica, la geografía, la opinión pública, la cultura, la moral de la tropa, entre otras muchas variables se toman en cuenta para hacer la guerra. Ganar no es derrotar al adversario y a eso es que apuesta Irán que se preparó durante décadas para esta guerra. Es una nación milenaria, cuna del imperio persa, por tanto, acostumbrado a mandar, combatir, sufrir y puede aplicar la estrategia de alargar el conflicto para que el deterioro de la economía sea otra arma a su favor.
Irán soporta el bombardeo sin dejar de responder, esa es su línea, porque la guerra a larga distancia no da la victoria y con botas sobre el terreno el adversario tiene mayores costos militares, políticos y económicos. Es como siempre digo: Amor de lejos paga pasaje. Además, mantener tantas bases y equipos militares como hogares extra matrimoniales, y equipar a los aliados, es una carga fija extraordinaria.
Parece que los norteamericanos no se percatan que están rodeados de países que lo quieren débil para canibalizarlo. Está en un círculo vicioso porque si hace la guerra se perjudica y si deja de hacerla, también, lo sabio es dar un paso a la vez no pelearse con todo mundo.
Estados Unidos debe poner los pies sobre la tierra y fabricar uno de los pretextos tipo Hollywood para abandonar el conflicto y no perjudicar el posicionamiento republicano para las elecciones de noviembre y quizá también las presidenciales.
Si Norteamérica admite que Irán se preparó para este evento y destruyó la supuesta invulnerabilidad de la arquitectura de defensa de Israel, tendrá un avance en el diseño de sus próximos pasos que conlleva abandonar el vozarrón del matón de las cantinas del Oeste porque ya los portaviones son un blanco grande para proyectiles indetectables.
En esta guerra Irán sumó a su arsenal el estrecho de Ormuz, por donde circula más de la quinta parte del petróleo, también fertilizantes, gas natural, productos industriales y agrícolas. Es una llave del comercio mundial que también podría ser un cementerio naval y por eso los norteamericanos eluden su ocupación o circulación, aunque saben que si la situación se mantiene un mes más las consecuencias económicas son incalculables y en lo inmediato afecta a Europa. Este proyectil geográfico es un “cul-de sac” naval que tiene vigilancia iraní.
Estados Unidos podría bombardear los pozos petroleros iraníes para obtener una victoria pírrica porque el alza del petróleo y el gas se dispararían y se llevarían la economía mundial, el prestigio norteamericano y al partido republicano al basurero de la historia.
Además, los adversarios de Irán con bases norteamericanas dependen de plantas desalinizadoras para obtener agua y sus pozos petroleros también están a tiro de venganza. Extender la guerra es un tema delicado. Debe ser cauto y mantener tácticas como levantar las sanciones petroleras a Rusia para bajar el precio mundial del combustible.
Por: Alfredo Freites;-



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