Nacido hace 187 años en Mayagüez, Puerto Rico, Hostos fue un hombre íntegro que supo conjugar en la tierra americana que pisó, su sabiduría con el amor a la libertad.
Su recorrido por América Latina regando conocimientos y compromiso libertario, punzó el objetivo colonial de perpetuar la resignación y el vasallaje en la región.
Sus contribuciones en el ámbito del periodismo, la historia, la moral, la sociología y el independentismo, sembraron raíces inmarcesibles.
Hostos es, con mucho honor, el maestro de las Antillas y el docto probo de la escuela normal de Santo Domingo.
Comprometido firme y militantemente con la independencia de Puerto Rico y Cuba, Hostos puso todos sus conocimientos y energías para forjar una juventud amante de la libertad y la gran patria antillana.
Fundador de las mejores escuelas para formar a la juventud y luego una academia para instituir maestros, Hostos es el gran profesor del que hoy carecemos.
Cuando la educación en República Dominicana constituye una calamidad, volver a los principios y prácticas didácticas de Hostos, es un imperativo ineludible.
Su pensamiento y praxis es una fuente viva de inspiración, pero el peor uso que puede hacerse de su legado, es invocarlo para no hacer nada semejante.
Este país necesita ministros, profesores, alumnos y padres decididos a convertir la educación en la herramienta esencial para superar los atavismos que nos congelan en lo analógico y nos impiden saltar a la modernidad tecnológica.
Para dar ese salto, se necesita una combinación dinámica de autoridades comprometidas con la juventud, padres exigentes y atentos, así como un alumnado cuestionador de dogmas y clichés.
Necesitamos una niñez y una juventud que se eduque en los parámetros de Eugenio María de Hostos, que no acepte dogmas y que asuma su formación como un componente esencial de su compromiso con la patria.
Hostos es un faro y orientarse con él es un imperativo de supervivencia moral.
Tomado del editorial de
de la fecha ;-


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