El último día de 2025, su risa fue robada y hoy se
confirma , con rabia y un pesar infinito , su impensable muerte.
Sus propios verdugos, dos tíos paternos, han admitido la atrocidad: la violaron, la asesinaron y la enterraron en un acto de una crueldad y un sadismo difíciles de comprender.
La sociedad entera se estremece y clama, con una indignación justa y ardiente, por la condena más severa para estas bestias humanas.
Si repugnante es el crimen en sí —el abuso y el asesinato de un ser indefenso—, también lo es la cobardía y la elusiva complicidad del silencio, al negarse inicialmente a revelar el paradero de su pequeño cadáver.
Durante días y noches, bajo un sol inclemente y una angustia opresiva, las brigadas de búsqueda recorrieron los bosques de Imbert, Puerto Plata, donde Brianna disfrutaba lo que deberían haber sido vacaciones felices.
Su labor fue un rayo de esperanza en medio de la oscuridad, una búsqueda agotadora que solo encontró, al final, la confirmación de nuestra peor pesadilla.
El destino de Brianna , aterrador y recurrente, es el mismo de otras niñas cuyas vidas son arrancadas por la violencia depredadora de adultos, con frecuencia aquellos en quienes deberían confiar. familiares o allegados.
Este caso es un síntoma devastador que evidencia la extrema vulnerabilidad en la que sobrevive la niñez y la adolescencia dominicana, amenazada por la degradación moral que carcome los cimientos de nuestra sociedad.
Al lamentar y repudiar este asesinato , reclamamos
a la justicia que actúe con todo el rigor, y a la sociedad que despierte ya, que se examine y proteja con uñas y dientes a sus inocentes.
Por Brianna y por todas las que callaron para siempre.
Tomado del editorial de
de la fecha ;-


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